domingo, agosto 28, 2011

Carta abierta: escribir es escribir





En su momento no quise hablar del asunto porque me sentí atacada. D una vez me dijo que cuando un hombre gana algo (en materia literaria) se gana dos enemigos hombres y tres morritas de fans. Pero cuando una mujer gana algo, se gana dos enemigos hombres y tres morritas que la verán feo. En efecto, de alguna forma, me sentí atacada. Y ahora que lo van a hacer público en la uacm pues qué chingados me importa mencionar lo que yo pienso aquí.

Toda mi vida he querido dedicarla a la literatura. Y quiero contarles una historia. El primer libro que yo abrí conscientemente fue el libro Los caballeros de la mesa redonda. Cuando leí pensé: "Esto es lo que quiero hacer toda mi vida". Yo tenía 5 o 6 años. Desde entonces creí que lo mejor para tales fines era convertirme en escritora. Lo tenía tan claro que decidí no decírselo a mis papás, hasta que tuviera al toro agarrado por los cuernos. Como a todo niño, me preguntaban ¿qué quieres ser de grande? y yo pasé por todo... ¡veterinaria! no, no mejor ¡médico! no, mejor ya sé (esto fue lo que duró más años, de hecho mis padres estaban convencidos de que yo iba a estudiar eso) ¡psicóloga! si! quiero estudiar psicología! Y con esa cantaleta duré desde la primaria hasta que tuve que elegir una carrera. Mientras tanto yo escribía y leía, en el afán de descubrir cómo esos hombres y mujeres creaban ese artefacto maravilloso al que le dicen libro.

A los 7 años escribí mi primer cuento basado en una historia que me contaba mi abuelita. El título era "Por el camino a Pachuquilla". Lo llevé a la clase, lo leyó la profesora y me puso diez. Luego, se lo di a leer a mi mamá y le gustó. Luego mi mamá se lo dio a leer a mi abuela y ella lloró de emoción. Y me dijo que escribía muy bonito. Ahí descubrí que la literatura expresa, transmite y hace sentir. ¿Como pude, con un cuento, hacer llorar a mi abuelita? aún me impacta, me impresiona, me duele.

A los 8 años conocí la poesía. Mi otra abuela, a la que recuerdo menos, le gustaba leer y escribir. Ella tenía un libro de bruguera, pasta dura, rojo intenso con arabescos dorados que decía "antología general de la poesía mexicana". Cuando murió, se lo quedó mi papá. Y mi papá me lo dio a mi. Bueno, aún lo conservo. Es un libro grueso, muy grande.

Recuerdo estar en la clase de español en quinto grado. La maestra nos dejó de tarea exponer algo que quisiéramos compartir con la clase. Así que en un pliego de papel bond cuadriculado escribí el poema que más me gustaba de esa antología: Poema de amorosa raíz de Alí Chumacero. Lo llevé y expuse la vida del autor. La profesora ni siquiera conocía a Alí Chumacero. No quisieron pegar el poema en la pared, pues era extenso y raro. A la siguiente clase tuve que llevar una frase pre-fabricada para que la colgaran en la pared: "si lloras por haber perdido el sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas" decía. Y como era de las frases preferidas de la profesora, la colocaron en el centro del salón. Para mí fue un constante recordatorio de lo poco que se entiende la poesía.

Y yo escribía en la prepa. En los concursos estudiantiles gané en pintura y cuento. Recuerdo que cuando gané en pintura, conocí a un chico absurdamente guapo en la competencia regional. Él también iba para pintura y era, como lo dije, absurdamente guapo. Él era de una preparatoria privada, yo por supuesto, de la valerosa preparatoria más chafa e incompetente que he visto y era pública. A partir del cuarto año de primaria, jamás he pisado una escuela privada. Él era muy bueno para dibujar. Dibujó todo a lápiz, todo gris. Mi cuadro en cambio era una explosión de colores y formas. Nada tenía sentido. Todo estaba flotando en un espacio negro y los colores eran brillantes. Bueno, esa vez, expliqué con pura labia mi cuadro y gané el concurso. Al año siguiente, para no tener que competir con él decidí entrar en cuento. Gané, fui a la regional y en la regional lo vi. Para mi sorpresa él también entró en creación literaria. Yo escribí un cuento, él escribió poesía. Y empatamos como los grandes. El jurado lelo dijo que yo sería el primer lugar pero que nos pusiéramos de acuerdo de quien iba a ir a nivel estatal. Yo le cedí mi primer lugar a él. Las profesoras de mi preparatoria pegaron el grito en el cielo y me regañaron. Recuerdo que una me dijo: "Mariana, pensé que tenías aspiraciones más grandes" me encabroné tanto que le respondí, casi gritando: "mis aspiraciones van más allá que un pinche premio".

Me extendí demasiado, escribo esto al vuelo, no crean que lo pienso o me detengo mucho.

Todo mi esfuerzo lo pongo en ser un escritor que valga la pena ser leído, que deje algo. Sé que tengo cosas que mejorar, pero vale, soy un ser humano. A lo largo de mi vida he cometido tantos errores que me han hecho crecer tanto, que no me arrepiento. Ni siquiera de los errores que otros han cometido y me han afectado, pues de igual forma me hacen crecer. El año pasado conocí a quien me ha enseñado todo en poesía, a quien le debo todo lo que mejoré. Si me dijeran que qué prefiero, tener lo que perdí pero a cambio no conocer a este hombre, vale, mejor será que carguen con toda mi biblioteca, con todo lo que me queda de cosas materiales, porque conocerlo a él hizo que todo valiera la pena.

Tanto me hizo crecer que me duele, si, me duele, que exista gente allá afuera que piense que yo sería capaz de hacer algo tan horrible como de lo que se me acusa. En tal caso la culpa es de mi curiosidad, pues bien dicen que la curiosidad mató al gato. Porque si en algún momento entré y pensé en dejar comentarios, fue (lo admito) para hacer una crítica al poema. Tan pinche simple soy, que mi única preocupación ha sido siempre y será la pinche literatura.

Bien lo dice * (lo sé, lo estoy retomando en cada post), esto de escribir es una enfermedad. ¿Quien en su sano juicio, escribiría veinte cuartillas para borrar diez y volver a escribir ocho y borrar seis? o encontrar errores en todos lados, partirse la cabeza reflexionando, hacer una disciplina que quita horas y noches, y estar ahí, preocupado porque un día, un sólo día, no pudiste escribir tu ración obligada de palabras. Es una enfermedad pasional. Es un oficio noble que a veces tienen personas mezquinas.

Ahora tengo una beca. Puedo disponer por un año del tiempo que yo necesite para escribir un libro que me costará más que un ojo. Puedo disponer del dinero que necesito para tener un cuarto propio, un rincón mío, solo mío, donde pueda escribir y leer a mi antojo. Un lugar donde morir un poco. Sólo quiero hacer lo mejor con lo que tengo. Una beca que sólo durará un año, sólo un año. Y porque en este momento, es mi única oportunidad de hacerlo. Así que lo haré lo mejor que pueda, porque en eso consisten los retos que uno mismo se impone.

4 dichos:

Amilcar dijo...

Estoy muy orgulloso de ti. Vendrán más becas y más premios, porque harás contactos y porque eres, honestamente, muy talentosa. Pero sabemos que eso son ayudas, respiros que se nos dan para la ligera serenidad que de ves en cuando requiere todo arte. Tu poesía es más que todo eso, y me llena de felicidad compartir tu espacio y tu viaje. Te amo.

Amilcar dijo...

P.D: me gustó mucho tu post, hasta para estar escrito al vuelo.

lisander martínez dijo...

¡Muchas felicidades por tu beca! Está padre saber de ti de repente y ver que te va bien y que sigues escribiendo.
¡Sigue así! Y felicidades una vez más ^^

Omaki Vani (Marian miau) dijo...

Raúl: gracias amor! yo también te amo.

Lisander: hey! es bueno saber de ti, después de tanto tiempo. Gracias por pasarme a saludar, aquí siempre estamos con la puerta abierta. Un abrazo!

 

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